Humildad: la “de garabato” y la otra

Por Guido Féliz

“Un solo camino hay para llegar al conocimiento
de la verdad: la humildad.”
San Agustín

El hecho de que en el curso del tiempo y desde los días mismos de Matusalén tanto sabio haya discurrido sobre la humildad en un vano intento de definirla y precisarla, pudiera ser para un cínico empedernido el signo o el indicio al menos de la índole escurridiza o elusiva de la que –junto con el amor, la esperanza, y la fe– constituye la suprema virtud cristiana.

De la raíz latina “humus”

Teniendo en cuenta, sin embargo, la larga historia de las altanerías humanas, no deja de ser curioso saber que las voces “hombre” y “humildad” provienen ambas de la misma raíz latina, humus, tierra, que no es otra cosa que la leve capa o mantilla formada por la descomposición de materias orgánicas de naturaleza vegetal que cubre la superficie o suelo.

Volviendo, empero, a los conceptos que en el curso de los siglos han expresado hombres sabios –y otros no tan sabios como se cree o se supone–, acerca de la humildad, quizá sea oportuno y pertinente, en el contexto de lo que me propongo considerar ahora en este artículo, lo que al respecto dijera san Agustín: “Un solo camino hay para llegar al conocimiento de la verdad: la humildad”.

Humildad de garabato

Curiosamente, el santo varón de Hipona no se perdía en la claridad ni confundía por tanto virtud tan excelsa con lo que con fina ironía llamara “humildad de garabato”, que no es otra cosa que la falsa modestia, eso es, lo contrario de la verdadera humildad y que en opinión de Pascal simplemente “equivale a orgullo”.

Humildad rebuscada

Unamuno acaso extrema el concepto agustiniano de la “humildad de garabato” –a la que bautiza con el nombrete de “humildad rebuscada”–, cuando pretende que lo más verdaderamente humilde en quien se juzga superior a otros es admitirlo de buen grado, atenerse a las consecuencias de la infamia, y sobrellevar con paciencia el sambenito de soberbio.

Ahora bien: aunque he dicho que la opinión del sabio de Salamanca quizá represente un extremo del concepto agustiniano de “humildad de garabato” o inmodestia, pudiera no estar tan lejos de la verdadera humildad como a primera vista parece.

La verdadera humildad

En efecto, dejando a un lado eso de saberse o creerse “superior a otros” –que bien visto es lo más anticristiano que pudiera concebirse o imaginarse–, pienso que un ponderar más sereno de la relación entre el concepto de la humildad expresado por Agustín y el dicho por Unamuno –y sobre todo de lo que ambos quieren prevenir con las expresiones “humildad de garabato” y “humildad rebuscada”–, quizá nos persuada de que ambos sabios están ideológicamente y filosóficamente más cercanos entre sí que lo que pudiera suponerse.

Y es así, o pudiera ser así, porque más que exaltar la “verdadera humildad”, lo que el santo y el filósofo se proponen –cada uno en su esfera y a su modo– es prevenir que aquella sea confundida con la de “garabato” o “rebuscada”, y que a consecuencia de ello el hombre extravíe el camino de la verdad, que a juicio de Agustín y como hemos visto no es otro que el de la humildad.

En un improvisado intercambio de correspondencia con un profesor amigo, incidentalmente mencionó él la saludable impresión que siendo aún muy joven le causara haber leído en la revista Selecciones el pensamiento de un filósofo, según el cual se deja de ser humilde en el momento mismo en que se cree serlo.

No estuve absolutamente de acuerdo con tal criterio y así se lo hice saber a mi amigo. “Como en todo –le decía– depende de si el que se juzga humilde lo es o no efectivamente. Si lo es, y lo reconoce, no hay nada moralmente condenable en ello. Y por el contrario: si no siendo humilde lo pretende, cae en la inmodestia, que es precisamente el espíritu contrario de la humildad.

El ejemplo de Jesús

Fundé mi punto de vista al respecto en el que sin duda constituye el dechado o supremo de los ejemplos morales: el de Jesús de Nazaret. Cristo, en efecto, invitó a los hombres a ser humildes en consideración a su propio y único ejemplo:

“Aprended de mí –dijo–, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.” Mateo 11:29

Estas palabras son dignas de consideración, sobre todo, porque salieron de labios de un hombre que tanto y en tantos respectos previno al mundo de la impertinencia, y sobre todo de las temibles consecuencias del orgullo. Líneas arriba he dicho que creerse o juzgarse mayor o más importante que los otros representa la antítesis del espíritu de Cristo, las antípodas de la profesión cristiana.

El que se enaltece, será humillado

¿Pues no fue acaso Jesús el que tantas veces advirtiera que “cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido” (Lucas 14:11)? ¿No fue precisamente él quien dijera que si alguno quería seguirlo debía primero, como exigencia ineludible e ineluctable, “negarse a sí mismo” (Lucas 9:23)? Y por ventura, ¿no fue de él de quien san Pablo aprendió que en el ámbito de la comunidad cristiana cada uno debe estimar a los otros como superior a él mismo (Filipenses 2:3)?

Dechado único de humildad

Ciertamente. Pero todo esto prueba que decir, o admitir al menos, que se es humilde –como que se es honrado, decente, discreto– cuando verdaderamente se lo es, no desentona ni con el espíritu ni con las enseñanzas del Maestro. De otro modo la gentil invitación suya a aprender la humildad siguiendo su propio supremo ejemplo no tendría sentido, y más probablemente se exhibiría como prueba insuperable del espíritu contrario: el de la altivez. Teniendo en cuenta, como también dijera a mi amigo, que Cristo no sólo es el dechado único de humildad que debe admirarse, sino el ejemplo práctico que debe imitarse. Pues como también dijera él en memorable ocasión: “Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13:15; 1 Pedro 2:21). Nada de lo cual significa –ni podría significar– una invitación o una licencia a la beatería.

 

 

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marzo 3, 2019 at 10:26 pm Deja un comentario

Buenas y malas palabras

por Guido Féliz

Non ha mala palabra, si non es a mal tenida;
verás que bien es dicha, si bien fues’ entendida.
–Libro del buen amor

Los que como Rodó con las suyas vivimos enfrascados en una lucha continua y cuasi a muerte con las palabras, corroboramos y más nos convencemos cada día de que la Lengua y la Lógica no siempre van de la mano, como de ordinario se cree o se supone, y que por el contrario la primera tiene empedrado el camino de muchas ilógicas y aun de no pocas contradicciones y sinsentidos.

Mala palabra, palabra mala

Un profesor amigo cuasi que se escandaliza cuando en una nota mía perdida por ahí leyó lo siguiente categórica afirmación: “Una ‘palabra mala’ es una palabra vulgar, malsonante, soez, obscena quizá. Una ‘mala palabra’ es una palabra inconveniente, inoportuna, importuna, prohibida tal vez”.

A juicio del profesor, lo contrario sería la verdad: una “mala palabra” es la  obscena, la soez, la malsonante, la vulgar, mientras que una “palabra mala” es una palabra prohibida, importuna, inoportuna, inconveniente. Y para corroborarlo recurría al siguiente ejemplo: “El traductor pregunta al editor: ‘Jefe, ¿considera usted que ‘librería’ es una palabra buena como traducción de library?” A lo que el editor contesta: ‘No, Tacho, librería es una palabra mala (imprecisa, no idiomática) para traducir ‘library’. Lo propio es biblioteca’.”

No hay ni buenas ni malas palabras

En mi breve respuesta, hice saber al profesor que en realidad y bien visto no hay ni buenas ni malas palabras; que éstas son inocuas y neutrales hasta que a algún espíritu se le ocurre infundirles el cuerpo con intención, propósito, designio. Como ejemplo, recurrí a la palabra “amor”, que en español usamos para designar la primera de las virtudes cristianas y la única que sobrevirá la eternidad (1 Co. 13: 8). Sin embargo, pudimos haber usado “hoja” o “pesticida” o “vulgar” para denotar la misma cosa. De ahí, aducía, que lo “malo” o lo “bueno” de las palabras radique en la intención con que las decimos y en su efecto moral.

Recurrí después para subrayar la noción, a un ejemplo extraído de la vida de Cristo. El Maestro había advertido solemne a sus oyentes con estas palabras: “Pero yo os digo: cualquiera que diga a su hermano: Raca (necio), será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno del fuego” (Mt. 5:22). Entonces agregaba el siguiente comentario: cuando Jesús previene llamar “necio” al prójimo, no le preocupa si la palabreja es malsonante o aun obscena. Lo que enfoca es la intención de desprecio que se implica al decirla, no que la palabra sea en sí buena ni mala.

Punto de vista de la semántica

Créalo usted o no, el profesor no se dio aún por satisfecho con esta escueta explicación. Por el contrario, insistió en que cuando dije que “palabras malas” son sólo aquellas vulgares, malsonantes, soeces, estaba dando la perfecta definición de lo que son las “malas palabras”, y a la inversa, que cuando decía que las “malas palabras” eran aquellas tenidas por inconvenientes, inoportunas, importunas, prohibidas, daba en la diana misma de la definición de lo que constituye una “palabra mala”.

El profesor dijo más: que en realidad y sin ambages reconocía que desde la perspectiva filosófica no hay malas palabras ni palabras malas, pero que otro era el cantar desde el punto de vista de la semántica. Tal sería el caso, argüía, como cuando decimos o escribimos “guindar” o “agarrar” por “colgar” y “asir”. Y como si con eso no bastare, agregaba: “ ‘Malas palabras’ se refiere (no?) a giros y expresiones que no son propios de gente culta y comedida”.

La Lengua es neutral

Para dar por terminado el asunto, me vi en la molesta necesidad de decir al profesor: ni desde la perspectiva filosófica ni desde el punto de vista semántico hay propiamente palabras buenas ni palabras malas. Con el asunto no tiene nada que ver la filosofía ni la semántica. Cuando digo, por ejemplo: ‘Esta maldita mujer’, o éste asqueroso tendero’, no estoy en modo alguno violando ni violentando ninguna de las normas de la semántica ni de los postulados de la filosofía como tales. Ambas expresiones están gramaticalmente bien dichas y pudieran estarlo también desde la perspectiva de la filosofía. Lo que estaría malo o bueno en cualquier caso sería la intención, el propósito, el designio con que se las dice. La Lengua es neutral. La intención puede ser perversa.

Por otra parte, cuando diciendo “Leonor es una buena mujer” tengo intención de decir exactamente lo contrario, el sentido de lo que digo desborda el ámbito de la Lengua  (de la Gramática, de la Sintaxis, de la Semántica, de la Lingüística, de la Filología) para adentrarse en la esfera de la Psicología. Si, por otra parte, afirmando que “Leonor es una mala mujer” resultare que ella es una mujer honrada, me expongo al juicio, no de la Lengua, sino de la Moral. Porque como dijera Cristo, “por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mt. 12:37).

A propósito del aspecto propiamente idiomático de la discusión, en unas “palabras preliminares” de su libro Buenas y malas palabras, el respetable filólogo venezolano Ángel Rosenblat, aventura el siguiente juicio: “Desde el punto de vista filológico no hay ‘malas palabras’. Toda palabra, cualquiera que sea la esfera de la vida material o espiritual a que pertenezca, tiene dignidad e interés histórico y humano. Como el médico, el filólogo procede sin gazmoñería, con absoluta austeridad e inocencia” (p. 11).

La intención y el efecto moral

Volviendo, pues, a Cristo, que no hay propiamente malas ni buenas palabras se ilustra muy bien si se repara en el hecho de que no obstante la solemnidad con que advirtiera acerca de las consecuencias temporales y eternas del mal uso de las palabras, él mismo empló contra sus adversarios religiosos palabras tan fuertes como hipócrita, necio, raza de víboras, sepulcro blanqueado, ciegos, guías ciegos, generación maligna y perversa. Si hubiera alguna maldad en tales términos y expresiones, inexorablemente el Maestro habría sido culpable de expresarlas. Pero a nadie, que me entere, se le ha ocurrido jamás culpar a Jesús de decir ni palabras malas ni malas palabras. ¿Cómo podría ser de otra manera en alguien que sin favor ni temor de nadie declaró ser él mismo la Verdad (Jn. 14:6)? ¿De que otro modo sería si de él está escrito que “no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando lo maldecían , no respondía con maldición (es decir, con malas palabras)” (1 P. 2:22, 23)?

Como se ve, pues, lo malo y lo bueno de las palabras está en la intención y en el efecto moral de ellas. El Rey Sabio alude a unos hombres que “contestan antes de oír” (Pr. 18:13) y aun a otros  “cuyas palabras son como estocadas (o golpes de espada)” (Pr. 12:18). Puede, pues, decirse con toda propiedad que en un caso como en el otro se estaría ante un torcido uso de las palabras cuyo efecto es ofender, herir y matar. En nuestro idioma tenemos la palabra “ladrón” para designar con ella al espíritu amigo de substraer lo ajeno. A nadie se arresta ni se lleva ante el tribunal por llamar ladrón al que en efecto lo es. Se haría empero ambas cosas si se diera el nombrete a una persona honrada. De donde también se infiere que sólo se ofende –eso es, sólo puede ofenderse– al hombre íntegro. A los demás simplemente se los llama por su nombre.

 

 

febrero 8, 2019 at 2:47 am Deja un comentario

A los traductores

Un saludo cordial a todos los que visitan esta página. Espero que los artículos publicados les sean de ayuda. Por el momento no estoy haciendo traducciones que requieren investigación así que no tengo comentarios. Me he propuesto poner ayudas de mi cofre de archivos, lo cual será Dios mediante una vez al mes.

Los invito a visitar algunos de mis blogs.

En inglés: kelund.wordpress.com

Historias para niños en inglés: MX1414.wordpress.com

Para lecciones bíblicas: hermanamargarita.com

Caja de ideas para maestros: cajaideas.wordpress.com

Historia semanal para niños: clubperlita.wordpress.com

Lecciones para adolescentes: ecojuvenil77.wordpress.com

De mujer a mujer: entrecorazones.wordpress.com

 

Deseo a cada uno bendiciones de Dios y éxito en las traducciones.

diciembre 17, 2017 at 9:16 pm Deja un comentario

Sentido y función del pronombre

Material escrito por Guido Feliz

El nombre (substantivo) y el pronombre son dos de las nueve partes tradicionalmente reconocidas a la frase española. Aunque en el habla y la escritura corrientes “nombre” y “substantivo” se toman como sinónimos y su uso es intercambiable o indistinto, acaso más propio fuera decir que “substantivo” es aquello que expresa la substancia, el ser, la existencia; y que “nombre” es aquello a que en la frase refiere o alude el predicado, eso es, el verbo y sus complementos.

Como la grafía misma indica, “pro-nombre” (literalmente, “en lugar o vez del nombre”) es la parte de la frase cuya función práctica es suplir el nombre o determinarlo. Su objeto es evitar o prevenir la repetición viciosa o inútil del nombre en una misma locución. Sin embargo, en nuestra Lengua, no se considera sintácticamente impropio el uso del nombre y de su correspondiente pronombre en una misma frase o renglón, sino solo pobreza de estilo, aunque no siempre.

Ejemplo:

  • “Le dije a Ramona que viniera temprano.” En esta frase, la variante pronominal átona “le”, refiere al nombre propio de persona: “Ramona”.
  • Podría también decirse: “Dije a Ramona que viniera temprano.”
  • Si se sobreentiende de quién se habla, se puede prescindir del nombre y simplemente decir: “Le dije que viniera temprano.”

En cualquier caso, sin embargo, la prescindencia o la supresión del pronombre en frases en las que aparece también el nombre que debe suplir o determinar, obedece más a razones de estilo que a una norma gramatical o sintáctica. Debe tenerse en cuenta, con todo, que en aquellos pocos casos en que la supresión o la omisión del pronombre pudiera prestarse a anfibología o equívoco, convendría emplearlo juntamente con el nombre correspondiente.

 Prevenir en una misma frase el uso del nombre y del pronombre

Normalmente, y en función de estilo, debe prevenirse en una misma frase el uso del nombre y del pronombre que se supone que lo suple para evitar su monótona repetición. Así, por ejemplo, en la frase “mientras oran, los alumnos escriben lo que le dicen a Dios”, puede suprimirse uno de los pronombres (en este caso “le”) para que lea: “escriben lo que dicen a Dios”, puesto que tanto “le” como el pronombre neutro “lo” refieren o aluden a “Dios”.

No obstante, hay circunstancias en que el uso de nombre y pronombre en una misma frase tiene carácter enfático o el propósito de particularizar y encarecer la idea. Consecuentemente, en tales casos suprimir el pronombre desvirtuaría esa función. Ejemplo de frase enfática: “No me le dé dulces al niño.” Normalmente se diría: “No le dé”, o simplemente “no dé”.

En frases así construidas la intención de encarecer puede expresarse por grados de intensidad. Nótese estos ejemplos:

  1.  “No duermas” (simple mandato, mera sugerencia o recomendación)
  2. “No te duermas” (encarecimiento)
  3. “No te me duermas” (énfasis, encarecimiento, y particularización)

Voces enclíticas

Ahora bien: en la práctica (tanto oral como escrita) donde mayor se nota el uso vicioso o inútil de nombre y pronombre en una misma frase es en las que intervienen voces enclíticas, eso es, aquellas en que a una palabra precedente se le agrega un pronombre (diolo, buscóle, derramósele). Ejemplos:

  • Pregúnteles a los alumnos qué cambios se han producido en las dos sustancias.
  • les a los alumnos un pedazo grande de papel.

(Nota: “déles” debe llevar acento gráfico u ortográfico, porque la regla es que los verbos con pronombre enclítico conservan la tilde de su forma original, en este caso “dé” (del verbo dar, que conviene diferenciar de la preposición “de” en función de genitivo o propiedad: casa de Maritza, juego de comedor).

  • Los ángeles han tenido un papel importante en la labor de mostrarle a Juan diversas visiones… Un ángel le muestra otra visión de la Nueva Jerusalén.

En la primera frase, la variante pronominal “le”, en función de enclítico del verbo mostrar (“mostrarle”), refiere a Juan, y por tanto puede prescindirse de ella (“en la labor de mostrar a Juan”). En la segunda frase, por cuanto se sobreentiende que se trata de Juan, el uso de la variante pronominal “le” es propio (“un ángel le muestra (a Juan)”.

  •  Preguntarle a nuestros padres qué podemos hacer para ayudar.

En nuestra Lengua, el complemento directo en número singular es le; en el plural, les. Por tanto, en la frase modelo anterior se incurre en solecismo al emplear la variante pronominal “le” como enclítico del verbo preguntar alusivo al plural “nuestros padres”. Lo propio sería decir “preguntarles”. Sin embargo, dado que el nombre al cual refiere el pronombre aparece también en la frase, no es absolutamente necesario incluir en ella a este último. De modo que la frase puede simplemente leer “preguntar a nuestros padres…”

Función de expletivo

Según el Diccionario de la RAE, la función de expletivo se aplica a las voces o partículas que sin ser necesarias para la recta inteligencia de lo que se dice, lo llenan y armonizan.

  •  El primer alumno dice “uno” y le pega al compañero sentado a su derecha.

La variante pronominal le corresponde a “compañero”. Para comprobarlo, bastaría con decir o escribir: “Juana pega a Marisol”, eso es, “le pega”. En situación normal, el pronombre puede obviarse porque hacerlo así no afectaría el sentido lógico de lo que se expresa. Sin embargo, aquí “le”, más que dativo del pronombre personal de tercera persona singular, hace la función de expletivo.

De ordinario se prescindiría del pronombre “le”, pero en este caso particular, no sin riesgo de incurrir en anfibología, pues “pega al compañero” podría también entenderse “pegar al compañero” como se pega un “afiche” o cartel de propaganda política a una acaso mugrienta pared, cuando lo que en realidad se significa con ello es “golpear” a un alumno (en este caso levemente, gentilmente, casi como “con el pétalo de una rosa”, que diría el celebrado bardo mexicano convertido en cura de almas). Por eso es propio y pertinente el uso de la variante pronominal “le” en la dicha frase.

Usos propios e inconvenientes
del pronombre

  •  Dios les está preparando una maravillosa morada a los que lo sigan.

La variante pronominal átona “les” refiere a la proposición sustantiva “los que lo sigan”, que en su contexto equivale a “creyentes” o “cristianos”. Por tanto, podría prescindirse de su uso: “Dios está preparando…a los que lo sigan.

  •  Cuando Jesús les habla a los creyentes de Esmirna, les recuerda que Él es su fuente de vida eterna.

Esta frase ilustra bien cuándo el uso descuidado del pronombre afecta negativamente el estilo. En efecto, “les” refiere a “creyentes de Esmirna”. El primer uso del pronombre es innecesario, pero el segundo no. Por tanto, la frase podría leer mejor: “Cuando Jesús HABLA a los creyentes de Esmirna, LES recuerda que Él es su fuente de vida eterna.” Obviamente, en el contexto de esta frase no podría escribirse: “Cuando Jesús habla a los creyentes…RECUERDA que Él…”

  •  ¿De cuáles hábitos le es más difícil librarse a una persona?

Las partes subrayadas (le, se, persona) refieren o aluden a una sola persona gramatical. Parece obvio que si se suprimieran los dos primeros (la variante pronominal “le”, y el reflejo “se”), en este caso con función de afijo (“sufijo”, propiamente), la frase quedaría no sólo estilísticamente “coja”, sino semánticamente ambigua, pues leería: “¿De cuáles hábitos es más difícil librar a una persona?” Así construida, pudiera darse a entender, no ya que la persona misma “se libra”, sino que “la libran” o “es librada” (por otro u otros).

Un caso normal de uso propio del pronombre sería este: “Cuando el hombre regresó y el pueblo clamó al faraón, él los envió a José. José abrió los almacenes…” En ese caso puede obviarse la repetición sucesiva del nombre del patriarca valiéndose para ello del pronombre de tercera persona singular él: “Los envió a José. Éste…”

A veces, sin embargo, hay casos más complicados que exigirían por ello una mayor elaboración estilística. Ejemplo: “A veces Dios sana por medio de los médicos y de la medicina. La medicina es parte de la gracia de Dios y debemos darle gracias por ella.”

Podría sin dificultad obviarse la segunda mención de la palabra “medicina” sustituyéndola con el pronombre “ésta”. Pero haciéndolo así solo en parte se subsana el problema. Esto se debe a lo poco precisa de la expresión “por ella” con que cierra la frase. Cuando se dice que debemos dar gracias a Dios “por ella”, parece darse a entender que refiere o alude únicamente a la ciencia médica. Con todo, es obvio que por el contexto se entiende que como parte de la gracia divina que se ha de agradecer debe incluirse también a los médicos que ejercen la medicina.

Una salida un tanto salomónica por ingeniosa (“partan al niño”) en este caso (y ordinariamente hay muchas “salidas” del género en la labor del escritor y del corrector de estilo), sería escribir: “A veces Dios sana por medio de los médicos y de la medicina. Esto es parte de la gracia de Dios y por ello debemos darle gracia.” El uso de los neutro “esto” y “por ello” resuelve el problema, pues aplican tanto a los galenos como a la profesión que estos ejercen.

Aunque resulte monótono por repetitivo, dada su importancia, conviene insistir en la necesidad de dar un uso discreto y parco al pronombre; pues si bien el uso del nombre y del pronombre que lo sustituye en una misma frase es cosa de tolerar en la conversación corriente, no tal es el caso cuando de escribir se trata. El lenguaje literario exige no sólo pulcritud en el decir, sino belleza y aun elegancia en la expresión. Ilustremos este concepto con una frase:

  •  Debemos pedirle a Dios que nos perdone nuestros pecados.

La variante pronominal “le”, que hace en “pedirle” función de enclítico, refiere al sustantivo “Dios”. A su vez el pronombre “nos” está implícito en el “os” del posesivo “nuestros”. Por tanto, la idea que se desea comunicar pudo haberse precisado mejor (estilísticamente hablando), en cualquiera de las dos formas siguientes:

  1.  “Debemos PEDIR (le) a Dios que (nos) PERDONE nuestros pecados.”
  2. “Debemos PEDIRLE (a Dios) que nos perdone (nuestros pecados).”

En ambos casos se suprime los elementos entre paréntesis.

  •  Si podeMOS convencerNOS a NOSotros mismos que nuestra adicción…

Dado que el pronombre NOS en función de sufijo del verbo CONVENCER denota la idea de “a nosotros mismos”, puede horabuena prescindirse de esta última expresión, de modo que la frase modelo simplemente lea: “Si podemos convencernos DE que nuestra adicción…”

  •  Dios quiere que usted le ame y le sirva a Él.

El pronombre personal masculino de tercera singular de indicativo es “lo”, no “le”, que lo es del dativo. Ejemplo: “La madre cuida al niño” (LO cuida). “Lisa dice a Luisa que LE diga a Maritza…” Claro es que en este último caso no sería propio decir “LA diga” ni mucho menos “LO diga”. Consecuentemente, la frase modelo anterior se precisa, si lee: “Dios quiere que usted LO ame y LE sirva a Él.” Teniendo en cuenta que si bien la idea de “a Él” está ya implícita en “le sirva”, conviene empero no omitir o suprimir a aquella locución (a Él), a fin de apuntalar su sentido lógico, que de otro modo se debilitaría.

  •  Cuéntale a Dios cómo te sientes.

La razón de mantener aquí el uso del pronombre “le” y el nombre “Dios” es reforzar o apuntalar la estructura de la frase. Pero cuando ese no sea el caso, es recomendable evitar o prevenir el empleo del nombre y pronombre juntamente. A propósito, este último caso se ilustra con el título de una cancioncilla cristiana del autor de este manual, titulada “A Dios cuento mis penas”, en cuya frase no sería necesario incluir la variante pronominal para que leyera: “A Dios le cuento mis penas.”

  •  El rey se alegró de verla y le prometió darle lo que fuera.

Todas las variantes pronominales que en la frase modelo anterior se han subrayado refieren a la persona de la cual se dice que el rey se alegró al verla. Por tanto, para reducir a dos el uso de ellas la frase podría haber leído: “El rey se alegró de verla y prometió darle (mejor que “le prometió”) lo que fuera”, suprimiendo la variante “le” por innecesaria.

Algo similar a la práctica de regir con un solo artículo varios elementos heterogéneos que piden en la frase su artículo correspondiente, se observa también en el uso impropio de un solo pronombre posesivo al que se le asigna la función de regir dos o más elementos de género diverso. Ejemplo:

  •  Debemos reflexionar sobre nuestras prioridades y propósitos.

 “Nuestras” concuerda perfectamente con el sustantivo “prioridades”, pero no con “propósitos”. Consecuentemente, la frase modelo debe leer: “Debemos reflexionar sobre nuestras prioridades y NUESTROS propósitos.” A no ser, desde luego, que se invierta el orden de los sustantivos, en cuyo caso sería propio que la frase leyera: “Debemos reflexionar sobre nuestros propósitos y prioridades.” Sin embargo, si hay intención de enfatizar o encarecer lo dicho en la frase, podría también repetirse el uso del posesivo: “Debemos reflexionar sobre NUESTROS propósitos y NUESTRAS prioridades”.

 

febrero 17, 2016 at 12:28 am Deja un comentario

Un saludo de Año Nuevo

Feliz y bendecido 2016 hermana Margarita

A todos mis amigos traductores les deseo un año bendecido, lleno de nuevas aventuras en el arte de traducir. No he sido muy «fiel» en subir sugerencia. Hago una promesa de poner algo nuevo mensualmente. Ahora me toca cumplir mi promesa. Tengo muchas páginas, en español y también en inglés y sueco. A veces me gana el tiempo.

¿Has visitado estas páginas?

hermanamargarita.com  Lecciones bíblicas, historias, multimedia

clubperlita.wordpress.com  Una historia semanal para niños

entrecorazones.wordpress.com  De mujer a mujer

cajaideas.wordpress.com  Ideas para maestros

Por ahora, veamos estos detalles:

reinvent the wheel  SIGNIFICA hacer lo que otros están haciendo

Fíjate en la diferencia entre estas dos oraciones:

  • ¡El apretón de manos puede durar durante toda la conversación!
  • ¡El apretón de manos puede seguir durante toda la conversación!

NUNCA uses lado a lado durar durante

muchas maneras diferentes BASTA DECIR: muchas maneras

¿Cómo nos ayuda el fruto del Espíritu a [compartir a Dios] con los demás?

A Dios no se lo comparte. Podemos testificar o hablar a otros del Señor. Suena como si a Dios se lo pudiera dividir en partes…

God is in control: Está en manos de Dios   No como muchas veces se dice, que Dios está en control.

Este año y tu vida están en manos de Dios. Pase lo que pase, confía en su poder  y su misericordia.

¡Shalom!

 

enero 2, 2016 at 5:38 pm Deja un comentario

Abecé de cápsulas idiomáticas «T», «U» y «V»

T

TAL VEZ | TALVEZ
En España, el uso tradicional ha sido siempre escribir dos palabras (tal vez). En América es más corriente la fusión de ambos elementos (talvez). La Real Academia Española de la Lengua, generalmente concesiva en tales casos, admite como legítimo el uso de una y otra forma y deja a opción del escritor preferir una grafía o la otra.

TAPAR | CUBRIR

“Diga a los niños que se tapen la boca con el dedo índice.”

Casi tan imposible como “tapar el sol con un dedo”, lo es tapar la boca con el dedo índice. Por tanto, la frase anterior debe ser reconstruida para que lea: “Diga a los niños que pongan el dedo índice sobre la boca.” A propósito dice el Rey Sabio: “Si has pensado hacer el mal, pon el dedo sobre tu boca” (Pr 30:32).

TAREA

“La tarea del profeta le provocó grandes amarguras y sufrimientos.”

Los profetas no tienen “tareas”, sino misiones y ministerios.
Las amarguras y sufrimientos no se “provocan” sino que se causan.

Por tanto, la frase modelo anterior debe leer: “La misión (o el ministerio de Jeremías) le causó (o fue causa de) grandes amarguras y sufrimientos”.

Las “tareas” son obras u ocupaciones corrientes y ordinarias, como las hogareñas o domésticas y las agrícolas, por ejemplo. Las “tareas” de superior importancia se denominan función, administración, ministerio.

TEMEROSO | TEMIBLE | TEMERARIO

  • “Temeroso” es lo que sufre o experimenta temor.
  • “Temible” aquello que lo infunde; “temerario”, el que alardea de no sentir temor.

TEMOR | MIEDO

  • Para temer hay que tener conciencia y razón. “El hombre, teme.”
  • Para sentir miedo basta con tener instinto. “El bruto siente miedo.”

TEMOR A

Es probable que usted no viva con el temor del futuro.

Debido a su índole anfibológica, en frases como la anterior se ha recomendado con buena lógica usar mejor la preposición “a” o la contracción “al”. Así, la frase entonces leería: “Temor al futuro”. Lo mismo sucede en expresiones tales como “temor de (a) Dios”, “adoración de (a) Dios”, con la salvedad de que en títulos de artículos periodísticos o de libros debe preferirse, por discreta y estética, la forma “temor de Dios”, “adoración de Dios”, “amor de Dios” (cuando, en este último caso, se refiera o aluda con ello al amor que el creyente siente por Dios, y no tanto el amor de Dios al creyente).

TEMPORAL | TEMPORERO

  • “Temporal” dice relación al tiempo por oposición a lo eterno. “Vida temporal”, “placeres temporales”, “poder temporal”.
  • “Temporero” refiere al que desempeña una labor, generalmente agrícola, en determinadas temporadas, como en época de la zafra azucarera o de la cosecha de manzanas o peras.

TENDENCIA

El verbo “tender” pide la compañía de la preposición “a”. Se tiende a.

Ejemplos:

  • “Aunque la tendencia es a pensar…”
  • “Tenemos la tendencia a juzgar los demás…”
  • “La tendencia es a concluir…”

TERRENO | TERRESTRE | TERRENAL

  • “Terreno” refiere a la tierra o a lo que le pertenece. “Terreno abonado”
  • “Terrestre” es tierra por oposición a “marítimo”. “Transporte terrestre
  • “Terrenal” dice relación a la tierra como distinto del cielo. “Bienes terrenales

TESTAMENTO (S) ANTIGUO Y NUEVO

Una práctica usual en la escritura corriente es suprimir la palabra “testamento” de “Antiguo Testamento” cuando éste va seguido de “Nuevo Testamento”. Generalmente se lee “Antiguo y Nuevo Testamento” (con la “s” final o sin ella). Lo propio, sin embargo, es escribir: “Antiguo Testamento y Nuevo Testamento”.

TESTIFICAR

“¿Se han comprometido a testificar a otros las buenas nuevas acerca de la salvación?”

Por lo mismo que no es propio decir “compartir las buenas nuevas” como equivalente de “predicarlas” o “anunciarlas”, se previene aquí contra el uso de “testificarlas”. Cierto que el Diccionario de la RAE da una tercera acepción figurada al verbo “testificar”, con el sentido de “declarar, explicar y denotar con seguridad y verdad una cosa, en lo físico y en lo moral” (tomo II pág. 1171). Sin embargo, no es necesario decir que en su sentido recto, que es el propio, “testificar” solo puede decir relación, como el Diccionario mismo anota en su primera acepción, a la acción de “afirmar o probar de oficio una cosa, con referencia a testigos o documentos auténticos”, y en la segunda, a la de “deponer como testigo en algún acto judicial” (Ídem). El cristiano, por supuesto, testifica de Cristo o acerca de Cristo; pero respecto al evangelio mismo sólo puede predicarlo o anunciarlo. En consecuencia, la frase modelo anterior debe leer: “¿Se han comprometido los alumnos a anunciar a otros las buenas nuevas?”

TIEMPO
En lugar de “buen uso del tiempo”, es más propio decir “empleo del tiempo”.

TODO EL MUNDO | TODO MUNDO

“Todo el mundo” es la humanidad; “todo mundo” es toda (o cada) persona.

El primer término es genérico y colectivo; el segundo, distributivo e individual.

“Todo mundo” es semejante a la conocida expresión del Padrenuestro, “danos hoy nuestro pan cotidiano”, que significa “el pan de cada día”, eso es, el que corresponde a cada quien, cada uno de los días que forman una secuencia cronométrica o temporal.

TOMAR POR LA MANO | TOMAR DE LA MANO (UN ACTO CORTÉS)

“Tomar alguien por la mano” puede ser, o puede no ser un acto amable o cortés, pero no necesariamente. El policía toma por la mano al sospechoso de cometer un crimen. El novio, obsequioso caballero, toma de la mano a su Dulcinea.

  • Tomar de la mano.
  • Tomar por la mano.
  • Asir de la mano.

El uso vario de las preposiciones en los tres ejemplos anteriores marca la diferencia de sentido entre ellas:

  • El novio “toma de la mano” a la novia (es un gesto cortés)
  • El agente de policía “toma por la mano” al sospechoso de un crimen (es una prevención)
  • El que está a punto de perecer ahogado “ase de la mano del salvavidas que se lanza al agua a rescatarlo” (es un esfuerzo desesperado). Todos seguramente estaremos de acuerdo en que en determinadas circunstancias vale más asir de la mano que tomar de ella o por ella.

TROPIEZO
Las cosas o las situaciones nos son o nos pueden ser de tropiezo, pero en ningún caso nos “sirven” de tropiezo.

TURBAR | PERTURBAR
Voces sinónimas no significan esencialmente lo mismo. Se “turba” el alma; se “perturba” el orden. “No se turbe vuestro corazón” (Jn 14:1). Póngase en lugar de “turbe” “perturbe” y ya nadie entenderá el jeroglífico. Las “perturbaciones” sociales son las “turbaciones” del pueblo; las “perturbaciones” del hombre son las “turbaciones” del corazón.

 TUTELA | TUTELAJE
“Tutela” es función propia y legítima del tutor. “Tutelaje” generalmente se toma en mala parte. “El odioso tutelaje de la intervención extranjera”. Tratándose entonces de un ministerio de la iglesia, ha de ser “tutela” y no “tutelaje”.

U

ÚLTIMOS CAPÍTULOS

“En los últimos dos capítulos de este libro” | “en los dos últimos capítulos de este libro”

Al escribir hay que poner mucha atención para prevenir las anfibologías. Las frases anteriores no significan lo mismo, aunque lo aparenten.

“En los últimos dos capítulos de este libro” pudiera significar que el libro tiene más de “dos últimos capítulos”, lo cual, desde luego, sería un disparate.

“En los dos últimos capítulos de este libro” literalmente quiere decir el penúltimo y el último capítulo del libro.

UNÍSONO
Se dice, se habla, se recita, se declama al unísono, no “en” unísono.

USAR MAL | MAL USAR

“Usar mal” es usar inadecuadamente.
“Mal usar”, equivale a usar con mal propósito o mala intención.

V

VALER LA PENA
La locución “valer la pena” (o “no valer la pena”) se aplica a cosas que nos plantean una disyuntiva, una alternativa, o un dilema.

Quiero comer un mantecado. La heladería está a siete cuadras de mi casa. Pero como hace tanto que no saboreo un buen helado, me digo: “Aunque está un poco lejos, vale la pena ir a comprarlo.”

Luisillo quiere estudiar Medicina, pero para hacerlo tendría que trabajar duro tres años a fin de ahorrar el dinero que le permita pagar sus estudios. Entonces el bueno de Luisitin decide que el sacrificio de trabajar tanto y por tanto tiempo “no vale la pena”.

Cuando se trata de asuntos como el adulterio u otro cualquier pecado, nunca se está ante la alternativa de algo que vale la pena o que no vale la pena hacer.

VALORIZAR | VALORAR
“Valorizar” y “valorar” son voces sinónimas, pero como todas las de su género, se distinguen por el matiz particular que las caracteriza.

  • Valorar es término genérico e inclusivo y abarca por tanto todos los de su especie (valuar, evaluar, apreciar, tasar, cuantiar, estimar, etc.).
  • Valorizar refiere o alude sólo a aquellas cosas concretas o materiales que pueden tasarse o medirse.

Dicho de otro modo: valorizar es dar valor a algo generalmente material; valorar es apreciar en su justa medida el valor del objeto o del sujeto que de suyo vale. El que valoriza, pone precio; el que valora, reconoce el valor y lo pondera.

VARIEDAD | DIVERSO

La palabra variedad dice la relación a la forma de las cosas.
La palabra diversidad refiere al número de ellas.

  • En un rebaño hay diversidad de ovejas, no variedad de ovejas.
  • En una asamblea de hombres y mujeres hay diversidad de concurrentes, no variedad de ellos.

Lo “variado” dice relación a la forma, a la figura, a la configuración.
Lo “diverso” refiere al número plural.

Recuérdese el viejo poema infantil:

En mi jardín hay flores que llaman la atención
por su gentil belleza su aroma y su color;
mas aunque brille espléndida su rica variedad
es la violeta tímida la que me gusta más.

“Variedad” refiere a la distinción de flores, a su distinta forma, a su distinto color, a su distinto aroma.

VERDADERO ARREPENTIMIENTO
Hay arrepentimiento, pero no “arrepentimiento verdadero”, por cuanto no hay “arrepentimiento falso”. En cambio hay verdadero arrepentimiento, como hay “falso arrepentimiento.

VERDADERO GOZO

  • Un “gozo verdadero” es un gozo real, sensible, efectivo: lo contrario de un “gozo falso”, vaporoso, inexistente. Un “verdadero gozo” es un gozo eficaz, perdurable, inextinguible, eterno: lo contrario de un “falso gozo”.

VER | VEA | VÉASE
Recuérdese que la lengua española no admite nunca el uso imperativo de la forma verbal infinitiva. No debe, por tanto, escribirse: “Ver página siguiente”, sino “vea o véase”.

VERSO | VERSÍCULO

  • Verso se define como “palabra o conjunto de palabras sujetas a medida y cadencia, o solo a cadencia”.
  • Se da el nombre de versículo a “cada una de las breves divisiones de los capítulos de ciertos libros, y singularmente de las Sagradas Escrituras”.

VIAJE | ESTAR DE VIAJE
La locución “estar de viaje” denota la idea de alguien que ha salido por su país o fuera de él pero con la intención de volver al lugar o punto geográfico de donde salió. En el caso de los judíos que salieron de Egipto con Moisés, habían dejado ese país para nunca más volver a él, y por tanto no “estaban de viaje” sino que iban por el desierto con rumbo a Canaán o la Tierra Prometida. Ellos “viajaban” . . .

VINCULAR
Se vincula en o se vincula a, pero no con.

VIVIR, FORMA DE | MANERA DE

  • Forma de vivir: hábito o costumbre
  • Manera de vivir: principio espiritual

VOZ ALTA | ALTA VOZ

  • Leer en voz alta es leer fuerte, con la voz alzada, que todos lo oigan.
  • Leer en alta voz indica que la lectura es oral, no para sí.

abril 26, 2015 at 12:16 am Deja un comentario

Abecé de cápsulas idiomáticas «S»

S

SACUDIR | AGITAR
Los verbos sacudir y agitar son sinónimos, pero como es el caso en toda sinonimia, se distinguen por su particular matiz ideológico.

  • Agitar, en efecto, puede ser una acción moralmente inofensiva, como cuando decimos agitar la medicina, la bandera, los brazos.
  • Sacudir, en cambio, por lo común denota acciones tan bruscas o violentas como zarandear, traquetear, zangolotear.

No podría decirse, por ejemplo, “sacudir la medicina, la bandera, los brazos” para significar la misma idea que “agitarlos”. Del carácter áspero, indócil, intratable se dice que es “sacudido”, no “agitado”.

SACRIFICIO SUPREMO | SUPREMO SACRIFICIO

  • “Sacrificio supremo” es el primero y más elevado en su línea. Es con todo perfectible y su lugar y función podrían ser suplidos por un sacrificio menor.
  • Supremo sacrificio”, en cambio, es el perfecto e insustituible sacrificio.

SATISFACCIÓN VERDADERA | VERDADERA SATISFACCIÓN

  • Una “satisfacción verdadera” es una satisfacción real, efectiva.
  • Una “verdadera satisfacción” es una satisfacción plena, inefable, eso es, más allá de lo que pudieran decir las palabras.

SEA CUAL SEA | FUERE

Sea cual sea: denota un hecho.
Sea cual fuere: denota un hecho hipotético (probable).

SEA | SEA; ORA | ORA; YA | YA
Estas formas distributivas por lo general exigen su repetición en la frase, principalmente con miras de prevenir las temibles anfibologías. Nótese por este ejemplo la conveniencia de repetirlo: “Sea dentro o fuera de la iglesia”. En casos como este sería de rigor repetir el verbo porque se hace obvio que las ideas de “dentro” y “fuera” son antinómicas y por tanto no significan lo mismo. “Sea dentro, o SEA fuera de la iglesia”, sería lo propio para conjurar el equívoco.

SEGMENTO PRINCIPAL | PRINCIPAL SEGMENTO

  • Segmento principal” dice relación a aquello que es primero o prominente en su línea.
  • “Principal segmento” refiere al que es supremo o más preeminente de todos.

Lo primero dice relación a orden; lo segundo, a valor.

SEGUIR | PROSEGUIR

  • Se sigue de primer intento. Es “un paso seguido de otros pasos”.
  • Se prosigue lo que ya se ha iniciado. Es “un paso, un descanso, y otros pasos”.

Se puede seguir lo que no se ha comenzado aún, pero sólo se prosigue aquello que ha sido ya iniciado o emprendido. Por ejemplo: “Estanislao seguirá las instrucciones del profesor Bruno”; “Bartola prosigue hoy el curso de francés que iniciara la semana anterior”.

Proseguir es literalmente “seguir de nuevo” o reanudar (no “reiniciar”, como erróneamente se dice).

SEMEJANZA | PARECIDO

  • La semejanza es moral, interna.
  • Lo parecido es físico, externo.

Dios hizo al hombre “a su semejanza”; el cristiano debe conformarse “a la semejanza de Cristo”. Consecuentemente, el hombre es semejante a Dios, como el cristiano debe ser semejante a Cristo, pero en ningún caso “parecido a Dios” ni “parecido a Cristo”.

SENSACIÓN | SENSIBILIDAD

La sensibilidad es facultad, algo que se tiene.
La sensación es un efecto, algo que se experimenta o sufre.

Se puede experimentar “sensación” aunque se haya perdido la sensibilidad. La sensibilidad es física, orgánica, concreta, material. La sensación espiritual, moral, abstracta.

SENTENCIA

  • Una “breve sentencia” es una sentencia de poca duración.
  • Una “leve sentencia” es una sentencia de poco peso o de escasa importancia.

SENTIMIENTOS | SENSIBLE

Los sentimientos, como los deseos, se tienen.

A propósito de “sentimiento”, debe recordarse que la voz “sentir” difiere semánticamente de “sensible” en que la primera es condición propia de todo ser organizado (animal y vegetal igualmente), pero solo el hombre, dotado de razón y de conciencia, puede tener sentimientos.

El árbol, el bruto, y el hombre son “sensibles”, pero solo el hombre tiene “sentimientos”, eso es, sabe por qué siente. La bestia y el hombre sufren, pero solo éste sabe por qué sufre. A una planta arbustiva se le da el nombre vulgar de “sensitiva”. Ya se podrá imaginar cuán disparatado fuera llamarla “sentimental”.

SER | ESTAR

  • Ser libre” de responsabilidades –cuales fueren–, es serlo de suyo, absolutamente, acaso de nacimiento.
  • Estar libre” de responsabilidades significa no tenerlas circunstancialmente.

SERES HUMANOS
La expresión “seres humanos” solo tiene sentido –eso es, solo puede tenerlo– respecto a otros seres. Por ejemplo, el bruto que comparte con el hombre la habitación de la Tierra; los ángeles, que son seres o espíritus ministradores y que habitan otra dimensión (He 1:14); y los planetícolas, si en efecto los hubiere en el Universo.

Consecuentemente, debido a lo dicho, “seres humanos” no es, como de ordinario se cree o se supone, sinónimo o equivalente de “hombres”. En cambio, este último término, hombres, normalmente dice relación al varón y a la hembra –no al varón solo o a la hembra solo–, eso es, al género humano o humanidad.

El afán de no ofender a los que en su invencible ignorancia insisten en escribir “seres humanos” donde naturalmente debe leer “hombres” (“que se hagan rogativas…por todos los hombres” (1 Ti 2:1); “Dios quiere que todos los hombres sean salvos” (v. 4), podrá ser todo lo noble o bien intencionado que se quiera, pero obviamente ha errado el blanco de la verdad.

SIERVOS | SIRVIENTES

“Siervos” refiere a funcionarios o ministros.
“Sirvientes” dice relación a la servidumbre.

SIMILITUD
“Similitud” refiere a la semejanza o parecido que guardan los objetos y sujetos entre sí. Un obra pictórica guarda similitud con otra obra; hay similitud del hijo con su padre. Pero no es propio decir “una obra guarda similitud a otra obra”, “hay similitud del hijo a su padre”.

SOLER
El verbo defectivo soler denota, cuando refiere a personas, la idea de hábito o costumbre; cuando refiere a cosas u objetos, significa la frecuencia con que se hacen, operan o manifiestan.

Uno es (o no es) capaz de esto o de aquello, pero no “suele ser capaz” (o incapaz) de esto o estotro. Dicho de otro modo: no se “acostumbra” a ser capaz, sino que se “es” capaz.

SOLO | SÓLO

  • Solo, sin acento gráfico, es adjetivo. “Solo Dios puede salvarnos”. Quiere decir, que ÚNICAMENTE Él puede hacerlo). Si se dijera “Sólo Dios” (o “Dios sólo”) se querría decir que lo único (no, como en el primer caso EL ÚNICO) que el Señor pudiera hacer fuera salvarnos. Nada más.
  • Sólo, con acento sobre la primera “o”, es adverbio modal, que puede completárselo con la partícula “mente” como sufijo (solamente). “Janet sólo gusta de las azucenas”, eso es, no gusta de las dalias, ni de las margaritas, ni de los girasoles, en fin, no gusta de ninguna otra flor.

SOLTERO | CÉLIBE
Soltero es sinónimo de célibe, pero hay una importante aunque en apariencia sutil diferencia de matiz y sentido entre ambas voces.

La soltería expresa un hecho, un estado, una circustancia, un incidente quizás. “Manuel es soltero” dice relación al hecho de que Manuel no es casado, que por una u otra razón no se ha casado aún. En última instancia se indica con ello un estado civil que es, si así pudiera decirse, la antítesis de otro estado civil –el matrimonio.

“Manuel es célibe”, por otra parte, significa también la soltería de Manuel, pero con una diferencia: es un estado impuesto o auto-impuesto, sea en razón de un canon religioso o eclesiástico, sea por la condición natural del hombre, o sea por la voluntad y decisión propias del interesado.

Decir, pues, célibe, es decir eunuco; decir soltero es decir libre, sin compromiso conyugal.

No todo soltero es célibe, pero todo célibe es necesariamente soltero. Si decimos, por ejemplo, que “Manuel es soltero”, expresamos un estado civil que hoy es y mañana podría no ser. Si afirmamos que “Manuel es célibe”, no sólo damos a entender que lo es voluntariamente, sino que no podría dejar de serlo sin renegar o por lo menos sin renunciar la norma religiosa que lo obliga al voto del celibato, sin que no obstante se produzca un cambio radical en su propia naturaleza, o sin que renuncie por ello mismo a un acto supremo de su voluntad.

En consecuencia, siempre hay la posibilidad de que el soltero de hoy sea el casado de mañana. El que es célibe lo será siempre mientras un poder sobrenatural o una voluntad superior no cambie su destino.

SOMETIMIENTO | SUMISIÓN
Aunque sinónimas por proceder ambas de la misma raíz latina (submissio, abajo o debajo de), hay un matiz que distingue y precisa las voces “sometimiento” y “sumisión”.

El sometimiento puede ser, y generalmente es, forzoso, obligado, arbitrario, draconiano, tiránico, en una palabra, impuesto por la fuerza.

La sumisión en cambio es siempre voluntaria, espontánea, dócil, humilde, en una palabra, abnegada.

La Biblia dice que la mujer casada debe sujetarse a la autoridad del esposo como al Señor, y como la Iglesia misma se sujeta a Cristo (Ef. 5:22,24). Pero en ningún modo dice que la esposa debe estar “sometida” al esposo. Se trata ciertamente de “sujetarse” al hombre por respeto al ordenamiento divino que en la relación matrimonial ha constituido al varón en “cabeza de la mujer” (Ef 5:23).

Al pueblo de Israel no le gustaba estar sometido bajo el gobierno de los romanos.

Estar sometido y estar bajo algo o alguien denotan la misma idea madre común: subyacer. Consecuentemente, “estar sometido bajo” es una redundancia inútil. La frase modelo podría entonces leer “sometido a” o “estar bajo los”. En cuanto a “gustar”, es verbo ordinario, cuasi vulgar, y por ello en infinidad de instancias o contextos semejantes ha de preferirse otro verbo menos burdo o grosero, como “agradar”, “complacer”, “consentir”.

SOPORTAR | SUFRIR
El corcel “soporta” el peso del jinete, como el borrico “soporta” el peso de la leña que su amo le acomoda sobre el lomo. El hombre en cambio “sufre” las penas propias y las ajenas. Como lo dice el poeta Darío: “El soñador, imperial meditabundo, sufre con las angustias del corazón del mundo”.

SUPLIR | PROVEER

Suplir es completar lo que falta.
Proveer es dar o suministrar lo que no hay.

“Dios suplió la manera de que pudiéramos ir al cielo.”
Decir que Dios “suplió” la forma de que el hombre fuera al cielo presupone que éste ya había hecho algo de su parte para ese fin y que el Señor simplemente lo “completó”. Sabemos, desde luego, que el camino al cielo es obra única de Jesucristo. Por tanto, es propio decir que él solo proveyó ese medio.

A propósito dijo proféticamente Abraham: “Dios se proveerá de cordero para el holocausto” (Gn 22:8). Nótese, en efecto, que el versículo bíblico no dice “Dios proveerá”, sino “se proveerá”, implicando así que la obra de la redención humana era sola de Dios, y por tanto la apertura del camino al cielo también. De donde después vendría el refrán que reza: “En el monte de Jehová será provisto” (Gn 22:14), no “suplido”.

abril 13, 2015 at 12:46 am Deja un comentario

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