Sentido y función del pronombre

febrero 17, 2016 at 12:28 am Deja un comentario

Material escrito por Guido Feliz

El nombre (substantivo) y el pronombre son dos de las nueve partes tradicionalmente reconocidas a la frase española. Aunque en el habla y la escritura corrientes “nombre” y “substantivo” se toman como sinónimos y su uso es intercambiable o indistinto, acaso más propio fuera decir que “substantivo” es aquello que expresa la substancia, el ser, la existencia; y que “nombre” es aquello a que en la frase refiere o alude el predicado, eso es, el verbo y sus complementos.

Como la grafía misma indica, “pro-nombre” (literalmente, “en lugar o vez del nombre”) es la parte de la frase cuya función práctica es suplir el nombre o determinarlo. Su objeto es evitar o prevenir la repetición viciosa o inútil del nombre en una misma locución. Sin embargo, en nuestra Lengua, no se considera sintácticamente impropio el uso del nombre y de su correspondiente pronombre en una misma frase o renglón, sino solo pobreza de estilo, aunque no siempre.

Ejemplo:

  • “Le dije a Ramona que viniera temprano.” En esta frase, la variante pronominal átona “le”, refiere al nombre propio de persona: “Ramona”.
  • Podría también decirse: “Dije a Ramona que viniera temprano.”
  • Si se sobreentiende de quién se habla, se puede prescindir del nombre y simplemente decir: “Le dije que viniera temprano.”

En cualquier caso, sin embargo, la prescindencia o la supresión del pronombre en frases en las que aparece también el nombre que debe suplir o determinar, obedece más a razones de estilo que a una norma gramatical o sintáctica. Debe tenerse en cuenta, con todo, que en aquellos pocos casos en que la supresión o la omisión del pronombre pudiera prestarse a anfibología o equívoco, convendría emplearlo juntamente con el nombre correspondiente.

 Prevenir en una misma frase el uso del nombre y del pronombre

Normalmente, y en función de estilo, debe prevenirse en una misma frase el uso del nombre y del pronombre que se supone que lo suple para evitar su monótona repetición. Así, por ejemplo, en la frase “mientras oran, los alumnos escriben lo que le dicen a Dios”, puede suprimirse uno de los pronombres (en este caso “le”) para que lea: “escriben lo que dicen a Dios”, puesto que tanto “le” como el pronombre neutro “lo” refieren o aluden a “Dios”.

No obstante, hay circunstancias en que el uso de nombre y pronombre en una misma frase tiene carácter enfático o el propósito de particularizar y encarecer la idea. Consecuentemente, en tales casos suprimir el pronombre desvirtuaría esa función. Ejemplo de frase enfática: “No me le dé dulces al niño.” Normalmente se diría: “No le dé”, o simplemente “no dé”.

En frases así construidas la intención de encarecer puede expresarse por grados de intensidad. Nótese estos ejemplos:

  1.  “No duermas” (simple mandato, mera sugerencia o recomendación)
  2. “No te duermas” (encarecimiento)
  3. “No te me duermas” (énfasis, encarecimiento, y particularización)

Voces enclíticas

Ahora bien: en la práctica (tanto oral como escrita) donde mayor se nota el uso vicioso o inútil de nombre y pronombre en una misma frase es en las que intervienen voces enclíticas, eso es, aquellas en que a una palabra precedente se le agrega un pronombre (diolo, buscóle, derramósele). Ejemplos:

  • Pregúnteles a los alumnos qué cambios se han producido en las dos sustancias.
  • les a los alumnos un pedazo grande de papel.

(Nota: “déles” debe llevar acento gráfico u ortográfico, porque la regla es que los verbos con pronombre enclítico conservan la tilde de su forma original, en este caso “dé” (del verbo dar, que conviene diferenciar de la preposición “de” en función de genitivo o propiedad: casa de Maritza, juego de comedor).

  • Los ángeles han tenido un papel importante en la labor de mostrarle a Juan diversas visiones… Un ángel le muestra otra visión de la Nueva Jerusalén.

En la primera frase, la variante pronominal “le”, en función de enclítico del verbo mostrar (“mostrarle”), refiere a Juan, y por tanto puede prescindirse de ella (“en la labor de mostrar a Juan”). En la segunda frase, por cuanto se sobreentiende que se trata de Juan, el uso de la variante pronominal “le” es propio (“un ángel le muestra (a Juan)”.

  •  Preguntarle a nuestros padres qué podemos hacer para ayudar.

En nuestra Lengua, el complemento directo en número singular es le; en el plural, les. Por tanto, en la frase modelo anterior se incurre en solecismo al emplear la variante pronominal “le” como enclítico del verbo preguntar alusivo al plural “nuestros padres”. Lo propio sería decir “preguntarles”. Sin embargo, dado que el nombre al cual refiere el pronombre aparece también en la frase, no es absolutamente necesario incluir en ella a este último. De modo que la frase puede simplemente leer “preguntar a nuestros padres…”

Función de expletivo

Según el Diccionario de la RAE, la función de expletivo se aplica a las voces o partículas que sin ser necesarias para la recta inteligencia de lo que se dice, lo llenan y armonizan.

  •  El primer alumno dice “uno” y le pega al compañero sentado a su derecha.

La variante pronominal le corresponde a “compañero”. Para comprobarlo, bastaría con decir o escribir: “Juana pega a Marisol”, eso es, “le pega”. En situación normal, el pronombre puede obviarse porque hacerlo así no afectaría el sentido lógico de lo que se expresa. Sin embargo, aquí “le”, más que dativo del pronombre personal de tercera persona singular, hace la función de expletivo.

De ordinario se prescindiría del pronombre “le”, pero en este caso particular, no sin riesgo de incurrir en anfibología, pues “pega al compañero” podría también entenderse “pegar al compañero” como se pega un “afiche” o cartel de propaganda política a una acaso mugrienta pared, cuando lo que en realidad se significa con ello es “golpear” a un alumno (en este caso levemente, gentilmente, casi como “con el pétalo de una rosa”, que diría el celebrado bardo mexicano convertido en cura de almas). Por eso es propio y pertinente el uso de la variante pronominal “le” en la dicha frase.

Usos propios e inconvenientes
del pronombre

  •  Dios les está preparando una maravillosa morada a los que lo sigan.

La variante pronominal átona “les” refiere a la proposición sustantiva “los que lo sigan”, que en su contexto equivale a “creyentes” o “cristianos”. Por tanto, podría prescindirse de su uso: “Dios está preparando…a los que lo sigan.

  •  Cuando Jesús les habla a los creyentes de Esmirna, les recuerda que Él es su fuente de vida eterna.

Esta frase ilustra bien cuándo el uso descuidado del pronombre afecta negativamente el estilo. En efecto, “les” refiere a “creyentes de Esmirna”. El primer uso del pronombre es innecesario, pero el segundo no. Por tanto, la frase podría leer mejor: “Cuando Jesús HABLA a los creyentes de Esmirna, LES recuerda que Él es su fuente de vida eterna.” Obviamente, en el contexto de esta frase no podría escribirse: “Cuando Jesús habla a los creyentes…RECUERDA que Él…”

  •  ¿De cuáles hábitos le es más difícil librarse a una persona?

Las partes subrayadas (le, se, persona) refieren o aluden a una sola persona gramatical. Parece obvio que si se suprimieran los dos primeros (la variante pronominal “le”, y el reflejo “se”), en este caso con función de afijo (“sufijo”, propiamente), la frase quedaría no sólo estilísticamente “coja”, sino semánticamente ambigua, pues leería: “¿De cuáles hábitos es más difícil librar a una persona?” Así construida, pudiera darse a entender, no ya que la persona misma “se libra”, sino que “la libran” o “es librada” (por otro u otros).

Un caso normal de uso propio del pronombre sería este: “Cuando el hombre regresó y el pueblo clamó al faraón, él los envió a José. José abrió los almacenes…” En ese caso puede obviarse la repetición sucesiva del nombre del patriarca valiéndose para ello del pronombre de tercera persona singular él: “Los envió a José. Éste…”

A veces, sin embargo, hay casos más complicados que exigirían por ello una mayor elaboración estilística. Ejemplo: “A veces Dios sana por medio de los médicos y de la medicina. La medicina es parte de la gracia de Dios y debemos darle gracias por ella.”

Podría sin dificultad obviarse la segunda mención de la palabra “medicina” sustituyéndola con el pronombre “ésta”. Pero haciéndolo así solo en parte se subsana el problema. Esto se debe a lo poco precisa de la expresión “por ella” con que cierra la frase. Cuando se dice que debemos dar gracias a Dios “por ella”, parece darse a entender que refiere o alude únicamente a la ciencia médica. Con todo, es obvio que por el contexto se entiende que como parte de la gracia divina que se ha de agradecer debe incluirse también a los médicos que ejercen la medicina.

Una salida un tanto salomónica por ingeniosa (“partan al niño”) en este caso (y ordinariamente hay muchas “salidas” del género en la labor del escritor y del corrector de estilo), sería escribir: “A veces Dios sana por medio de los médicos y de la medicina. Esto es parte de la gracia de Dios y por ello debemos darle gracia.” El uso de los neutro “esto” y “por ello” resuelve el problema, pues aplican tanto a los galenos como a la profesión que estos ejercen.

Aunque resulte monótono por repetitivo, dada su importancia, conviene insistir en la necesidad de dar un uso discreto y parco al pronombre; pues si bien el uso del nombre y del pronombre que lo sustituye en una misma frase es cosa de tolerar en la conversación corriente, no tal es el caso cuando de escribir se trata. El lenguaje literario exige no sólo pulcritud en el decir, sino belleza y aun elegancia en la expresión. Ilustremos este concepto con una frase:

  •  Debemos pedirle a Dios que nos perdone nuestros pecados.

La variante pronominal “le”, que hace en “pedirle” función de enclítico, refiere al sustantivo “Dios”. A su vez el pronombre “nos” está implícito en el “os” del posesivo “nuestros”. Por tanto, la idea que se desea comunicar pudo haberse precisado mejor (estilísticamente hablando), en cualquiera de las dos formas siguientes:

  1.  “Debemos PEDIR (le) a Dios que (nos) PERDONE nuestros pecados.”
  2. “Debemos PEDIRLE (a Dios) que nos perdone (nuestros pecados).”

En ambos casos se suprime los elementos entre paréntesis.

  •  Si podeMOS convencerNOS a NOSotros mismos que nuestra adicción…

Dado que el pronombre NOS en función de sufijo del verbo CONVENCER denota la idea de “a nosotros mismos”, puede horabuena prescindirse de esta última expresión, de modo que la frase modelo simplemente lea: “Si podemos convencernos DE que nuestra adicción…”

  •  Dios quiere que usted le ame y le sirva a Él.

El pronombre personal masculino de tercera singular de indicativo es “lo”, no “le”, que lo es del dativo. Ejemplo: “La madre cuida al niño” (LO cuida). “Lisa dice a Luisa que LE diga a Maritza…” Claro es que en este último caso no sería propio decir “LA diga” ni mucho menos “LO diga”. Consecuentemente, la frase modelo anterior se precisa, si lee: “Dios quiere que usted LO ame y LE sirva a Él.” Teniendo en cuenta que si bien la idea de “a Él” está ya implícita en “le sirva”, conviene empero no omitir o suprimir a aquella locución (a Él), a fin de apuntalar su sentido lógico, que de otro modo se debilitaría.

  •  Cuéntale a Dios cómo te sientes.

La razón de mantener aquí el uso del pronombre “le” y el nombre “Dios” es reforzar o apuntalar la estructura de la frase. Pero cuando ese no sea el caso, es recomendable evitar o prevenir el empleo del nombre y pronombre juntamente. A propósito, este último caso se ilustra con el título de una cancioncilla cristiana del autor de este manual, titulada “A Dios cuento mis penas”, en cuya frase no sería necesario incluir la variante pronominal para que leyera: “A Dios le cuento mis penas.”

  •  El rey se alegró de verla y le prometió darle lo que fuera.

Todas las variantes pronominales que en la frase modelo anterior se han subrayado refieren a la persona de la cual se dice que el rey se alegró al verla. Por tanto, para reducir a dos el uso de ellas la frase podría haber leído: “El rey se alegró de verla y prometió darle (mejor que “le prometió”) lo que fuera”, suprimiendo la variante “le” por innecesaria.

Algo similar a la práctica de regir con un solo artículo varios elementos heterogéneos que piden en la frase su artículo correspondiente, se observa también en el uso impropio de un solo pronombre posesivo al que se le asigna la función de regir dos o más elementos de género diverso. Ejemplo:

  •  Debemos reflexionar sobre nuestras prioridades y propósitos.

 “Nuestras” concuerda perfectamente con el sustantivo “prioridades”, pero no con “propósitos”. Consecuentemente, la frase modelo debe leer: “Debemos reflexionar sobre nuestras prioridades y NUESTROS propósitos.” A no ser, desde luego, que se invierta el orden de los sustantivos, en cuyo caso sería propio que la frase leyera: “Debemos reflexionar sobre nuestros propósitos y prioridades.” Sin embargo, si hay intención de enfatizar o encarecer lo dicho en la frase, podría también repetirse el uso del posesivo: “Debemos reflexionar sobre NUESTROS propósitos y NUESTRAS prioridades”.

 

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Un saludo de Año Nuevo Saludo a los traductores

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